El kirchnerismo le marca la cancha a Scioli y la interna cobra mayor voltaje

Click para AmpliarSe saludaron con un beso, como amistosos caballeros, apenas subieron a la combi. Ni por asomo Daniel Scioli le reprochó a Florencio Randazzo la ráfaga de críticas que le había disparado apenas unas horas antes; ni el ministro del Interior atinó a seguir con la metralleta cara a cara. Mascullaron sus enconos por dentro, y la cautela reinó esos minutos, el miércoles por la tarde, cuando se trasladaban en grupo a la conferencia de la Unión Industrial Argentina (UIA),

que cerró Cristina Kirchner. Fue sólo un impasse en medio del voltaje que sumó la pelea electoral del oficialismo. Con la luz verde de Olivos, en un intento por equilibrar la balanza y concentrar poder hasta último minuto, los postulantes más identificados con el gobierno le marcaron con crudeza la cancha al gobernador, embalado en su proyecto presidencial y promovido por un sector del PJ como el candidato favorito camino a la sucesión.Esas señales le bastaron a Scioli para readaptarse con el propósito de no tensar más la cuerda: se apegó al libreto oficial, alentó la alternativa de que el nombre de Cristina esté en una boleta y ordenó bajar el tono partidario a sus reuniones. Hasta, en un intento de sellar la paz, pidió el apoyo de todos los precandidatos y ratificó que no iba a cuestionar a sus rivales. Una respuesta a lo Scioli: al primer cachetazo, pone la otra mejilla.

El enojo dentro del kirchnerismo coincidió con el avance de la investigación judicial que involucra a la Presidenta, vinculada con el accionar de la firma Hotesur. «Cristina recibe piñas, quieren llevársela puesta y este tipo no dice nada», se quejó un dirigente bonaerense cercano a La Cámpora. El torbellino arrasó también al intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, al que acusan de haber «entregado» el partido que conduce a Scioli.

En las últimas cumbres seccionales, el color fetiche del gobernador fue tiñendo el decorado. En San Nicolás, por caso, repartieron cajones de naranjas y en algunas juntadas, al momento de ingreso del ex motonauta, sonaba un jingle que lo mencionaba, como ocurrió también en una actividad con gobernadores en Mendoza.

Foto incómoda

«Me fui irritando durante el acto. No me sentí para nada representado», explicó a La Nación Patricio Mussi, anotado en la disputa por la Gobernación, luego de cuestionar el encuentro del sábado pasado, en La Plata. Después de que Espinoza levantara en alto la mano de Scioli y empezaran los acordes de la marcha, según testigos de la escena, el jefe comunal le clavó la mirada a su colega Francisco Durañona, de San Antonio de Areco, y sus labios dibujaron una frase inequívoca: «Son unos hijos de p…». Ya entonces, habían quedado presos de una foto incómoda.

Ambos alcaldes integran la tribu Los Oktubres, apadrinada por Julio De Vido y de buen vínculo con la agrupación juvenil fundada por Máximo Kirchner. Su estrategia es esperar un guiño electoral de Cristina y repartir el juego sin respaldar a ningún candidato. El propio Randazzo llamó esa misma tarde a Mussi para felicitarlo por el embate y quedaron en activar para antes de fin de año un acto de gestión en su municipio. Se sabe, el clima entre el ministro de Planificación y el de Interior está más calmo después una charla en la que limaron asperezas de una interna picante.

Espinoza debió expiar su culpa toda la semana. El jueves se subió intempestivamente a un acto en su distrito, al que nadie esperaba que fuera. Lo organizó el metalúrgico Carlos Gdansky, un enemigo interno, que le ofreció pícaramente a Randazzo el privilegio de cerrar la jornada. El mitin fue adquiriendo volumen: aparecieron el jefe de la CGT, Antonio Caló; el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y el también presidenciable K, Julián Domínguez. «No creemos en un PJ cerrado donde sólo se juran lealtad algunos dirigentes entre sí», atacó el ministro del Interior. «¿Si las ideas son reemplazadas por el marketing o algún color, qué sentido tiene?», completó el presidente de la Cámara de Diputados.

A la distancia, Sergio Urribarri también asestó golpes. «Yo no tengo ningún hermano ni parientes que hablen mal de este gobierno», dijo, en referencia a José Pepe Scioli, que fue aliado del opositor Francisco De Narváez. «El cerco se va a extender. No se puede dejarlo correr solo cuando faltan nueve meses para la elección», se esperanzan en una usina de campaña K.

¿Cristina instruyó salir a combatirlo? La respuesta difiere según al aspirante que se consulte, lo cierto es que nadie frenó la escalada y, por el contrario, hubo congratulaciones. El resto de los precandidatos del Frente para la Victoria registra menos tiroteo con el bonaerense. El salteño Juan Manuel Urtubey se enfocó en su elección provincial fijada para abril y mantiene buena sintonía con el ex motonauta. Aníbal Fernández hace campaña presentando su libro y fuera del ring mediático. Y Jorge Taiana se mostró el miércoles con él en Villa María.

Scioli tiene en claro una máxima: su plan presidencial naufraga con Cristina en contra. No de casualidad optó por no opacar el protagonismo de la Casa Rosada en lo que queda de diciembre, con el megaacto en la Plaza de Mayo. De eso se habló el lunes pasado, en una reunión de la mesa de conducción nacional en las oficinas de la Fundación DAR. Más exposición de gestión, menos puesta en escena peronista.

Así, delinearon tres objetivos en el calendario. Uno, el lanzamiento reforzado del Operativo Sol, previsto para el 12, en Pinamar. Dos, la inauguración de la obra en la autopista Buenos Aires-La Plata, para la que aguardan la asistencia de Cristina. Y tres, un acto en el Luna Park, cuyo eje será entregar un crédito de 100.000 del Banco Provincia, vedado de cualquier manifestación electoral. Habrá que ver si ese repliegue aplaca las llamaradas.

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